LOS PINGÜINOS: EJEMPLO DE IGUALDAD

El pingüino emperador, Ejemplo de IGUALDAD

En ocasiones, la naturaleza  sorprende con comportamientos animales que para los humanos lo quisiéramos Esto ocurre con las relaciones entre los distintos sexos de una especie de aves: El pingüino emperador.

Lo primero que llama la atención es que, para simplemente sobrevivir, los pingüinos han adoptado un sistema colaborativo entre el macho y la hembra, basado en dos  valores fundamentales, a saber  el Compromiso y la Fidelidad, que mantienen durante toda su existencia, que para ser un ave no es nada corta, pues supera los 20 años, (muchísimos si tenemos en cuenta que sobreviven en uno de los hábitats más duros del planeta. La Antártida).

 

De esta forma,  esa fidelidad, tan denostada en la especie humana, resulta esencial en estos animales, que no conocen el abandono de sus parejas, siendo capaces de buscarse y reconocerse entre miles de ejemplares, fidelidad que se mantiene inquebrantable a pesar de las vicisitudes y dificultades de su vida, lo que nos lleva a recalcar otro valor fundamental en la convivencia de la especie: el Sacrificio.

Otro aspecto básico en la relación de las parejas de los pingüinos emperadores reside en la Ayuda Mutua que se dispensan para el cuidado de la prole. En este sentido, macho y hembra se van relevando en el cuidado los hijos, e igual que comparten los tiempos de empolle, se turnan para la búsqueda del alimento para la familia. Así, nos puede resultar sorprendente que el macho sea el que permanezca en el nido hasta que eclosionan los huevos, más de dos meses sin comer, y es la hembra la que sale en primera instancia en busca de peces a miles de kilómetros de distancia. Cuando nacen las crías, ambos se irán relevando hasta que los polluelos puedan valerse por sí mismos. Aquí la conciliación laboral y personal es igual para los dos sexos, pues ninguno abandona sus tareas de pesca, básica para la subsistencia, ni la de los cuidados, esencial para conseguir que los hijos de la relación sean alimentados y alcancen la edad de independencia, repitiendo así el modelo aprendido.

Sólo de esta forma colaborativa familiar, los pingüinos son capaces de resistir los fuertes embates climáticos, las paredes más escarpadas y los depredadores más feroces, pues manteniendo esa colaboración entre los progenitores sostienen en común una fuerte motivación que les impulsa, cual es, garantizar la supervivencia del mayor número de ejemplares sanos en las familias que forman. Sólo así se mantiene la especie.

Ese compromiso con la pareja y la familia, ese apoyo incondicional, esa Igualdad efectiva, es lo que consigue la estabilidad de estos asombrosos animales, que nos puede provocar cierta hilaridad por su torpeza en tierra firme, pero que luego hay que reconocer que saben desenvolverse de forma ideal en la vida, y es la unidad que mantienen los dos miembros adultos de la pareja para sacar adelante a la prole y atender todas sus necesidades de protección, educación y alimento.

Observando el comportamiento de este animal nos preguntamos ¿por qué los humanos somos una especie que no adopta e imita un modelo similar de colaboración, si resulta más ventajoso y más rentable para la sociedad? ¿Por qué entonces el hombre no utiliza la inteligencia, superior al resto de las especies, para mejorar nuestros estilos de vida? 

 

En este sentido, si hemos sido capaces de aprender a utilizar el fuego para calentarnos y cocinar alimentos, hemos inventado la rueda para trasladar cosas con menos esfuerzos y hacer funcionar mecanismo, o la luz para iluminarnos en la oscuridad o internet para comunicarnos de forma remota ¿por qué somos aún tan primitivos que seguimos esperando que sea la mujer la que crie y cuide de la familia mientras el hombre provee?

Si este modelo está totalmente superado,  ¿por qué las mujeres no podemos dejar a los hombres al cuidado de los hijos, si hasta un pingüino de la Antártida es capaz de hacerlo?.

El hecho cierto es que, la especie humana, siendo la más racional de todos los animales  de la Tierra cada vez tiene más alergia al compromiso, y en nuestras relaciones se está imponiendo un individualismo pernicioso, que acaba por anteponer los deseos propios a los intereses de las familias y las personas.

De esta forma, este estilo de vida egoísta y hedonista, hace que las relaciones nazcan con fecha de caducidad adelantada, y más del 50% de las parejas terminan rompiendo. El amor humano resulta pues inconstante e infiel, cuando no caprichoso y no se es consciente, ni se sopesa muchas veces, las consecuencias negativas que se le estamos provocando a la estructura familiar, social, y a los propios individuos esta falta de apoyo y ayuda común.

 

Esas rupturas encuentran muchas veces la justificación en argumentos del tipo  “ya no me entretienes”, “no me entiendes o no comprendes”, “ya no me gustas”, “no me atraes como antes”  o «me aburres» y motiva los cambios de pareja o la finalización de una relación. Así las cosas, todos nos sentimos con el derecho de tener una vida más feliz, o por lo menos creemos que va a ser más grata si cambiamos de situación o nos volvemos a emparejar con otras personas, pero no nos vemos con la obligación de procurar siempre la felicidad del otro, especialmente la de nuestros propios hijos.

Y no es que no se den situaciones en las que sea una necesidad poner fin a la relación, cuando ésta sea dañina o tóxica. En estos casos está más que justificada la ruptura, pero curiosamente, son los menos. La mayoría de las parejas rompen porque no obtuvieron de la relación aquello que esperaban, o porque la otra parte llega un punto en el que no satisface las expectativas depositadas. Pero sobre todo lo que fulmina una relación es el egoísmo y la falta de comprensión, compromiso  y apoyo.

Si conocemos los problemas psicológicos, económicos, afectivos etc., que se le causa a la estructura familiar y  a los  menores en las separaciones,  ¿por qué no nos  preocuparnos por elegir mejor a nuestras parejas y por qué cuando tomamos la decisión de crear una familia no nos comprometemos a permanecer juntos  durante los años necesarios para que los hijos sean autónomos?. ¿Por qué no nos responsabilizamos  hombres y mujeres para trabajar y atender los cuidados necesarios? ¿Por qué no anteponemos los intereses comunes, a los individuales, y contribuimos de forma igualitaria con las obligaciones familiares?.

¡¡¡¡Cuánto tenemos que aprender de los animales!!!!. Ni loba, ni leona, ni serpiente, yo de mayor quiero ser Pingüino Emperador.

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