El Concepto de IGUALDAD

Estamos acostumbrados a escuchar tanto la palabra Igualdad, que exigimos que todos y todas seamos iguales, pero olvidando en ocasiones que somos seres diferentes. En esa pretensión de igualar a todos/as desatendemos a lo distinto,  lo que provoca en muchos casos una falta de respeto a la diferencia, lo que conduce  a la vulneración de otros tantos derechos igualmente fundamentales, como  el reconocimiento de una identidad personal, sin discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, opinión, religión o cualquier circunstancia personal o social; o cómo son los derechos a la promoción, a la propiedad, a la asociación, a la salud, etc, siendo que los individuos necesitamos ser reconocidos en nuestra diferencia, pero manteniendo las mismas oportunidades que nos atribuyen nuestros derechos y obligaciones

Esto viene a cuento porque, al hablar de derechos como el de Igualdad, éste aparece como concepto indeterminado con demasiadas acepciones, y utilizado muchas veces de forma contraria a la propia definición, y lo peor, de forma incoherente con los propios actos.

¿Qué es entonces la Igualdad? ¿Sabemos con certeza  a qué  nos estamos refiriendo?

Debemos partir de la propia definición del léxico Igualdad. La palabra ‘igualdad’ procede del latín aequalĭtas, -ātis, formada con el término aequus (igual, llano, equilibrado). Como sinónimo de ‘igualdad’ se puede utilizar la ‘equidad.  Algunas palabras con significado opuesto son ‘desigualdad’ e ‘inequidad’, para indicar aquello que no es igual o equivalente.


Según la RAE,  igualdad es una equivalencia o conformidad en la calidad, cantidad o forma de dos o más elementos. De esta forma, se comprueba claramente en las matemáticas donde igualdad expresa la equivalencia de dos cantidades. Decimos que A=B porque existe igualdad en los resultados obtenidos. Nadie tiene la menor duda de lo que significa la operación 2+2= 4, o 2×8=16, porque se comprueba que la operación funciona siempre, es decir, se haga como se haga da el mismo resultado.
Sin embargo,  en el día a día de las personas, cuando hablamos de igualdad en otros ámbitos de la vida,  no pasa lo mismo. Comprobamos entonces que «no todo el mundo puede vivir en la Calle Larios de Málaga». ¿Eso significa que las personas no somos iguales?
Para explicar esta incongruencia, debemos partir de la  existencia de distintas acepciones en las que se descompone el concepto de Igualdad, como son la Igualdad Social, la Igualdad de Oportunidades, la Igualdad Salarial, la Igualdad Política, la Igualdad de Derechos, Igualdad de Género, la Igualdad de Trato. Es por ello que en este post vamos a analizar  algunas formas de igualdad.

IGUALDAD SOCIAL

La igualdad social no es más que una condición para el ejercicio de los derechos civiles y políticos que aspira a la consecución de una vida digna (en derechos económicos, sociales y culturales) como un valor fundamental para conseguir una sociedad mejor,​ con más justicia social y más cohesión .

Para  reducir esa desigualdad social, se dice que lo prioritario es erradicar la pobreza, ya que ésta incide directamente en la salud de las personas, reduce la esperanza de vida, merma la posibilidad de desarrollo, de educación y oportunidades y favorece la violencia. Pero  acabar con la desigualdad social eliminando la pobreza no es suficiente para alcanzar la justicia social, pues ésta afecta no sólo a los sectores más desfavorecidos, también a la población con mayor renta o mayor estatus social, pues se comprueba que las condiciones de vida de toda la población mejora cuando aumenta la Igualdad social. Si vemos por ejemplo el caso de España, se constata que hay muchos problemas sociales extendidos en las regiones «más ricas» porque son más desiguales respecto a otras.

Diferentes disciplinas como la Filosofía, la Sociología, la Antropología o la Política han analizado el concepto de la igualdad entre los miembros de una sociedad, y de forma genérica se entiende que la Igualdad social, no es más que Justicia social. Así lo viene a establecer la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, cuando afirma que «todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos».

IGUALDAD CIVIL Y POLÍTICA

Cuando los ciudadanos consiguen la igualdad civil y política  pueden alcanzar los derechos a la libertad y a la participación en la vida política. Así el individuo puede votar, ser votado y participar en el gobierno del Estado. Pero previamente, es básico el reconocimiento de otros derechos como el de libertad de expresión, derecho a tener un juicio justo, a la libertad de religión y el derecho al sufragio universal.

Estos derechos fueron ya proclamados por primera vez en la Revolución Francesa en la Declaración de los Derechos del Hombre y Ciudadano el 26 de agosto de 1789, aunque excluyendo a las mujeres. También fueron recogidos en la Carta de Derechos de los Estados Unidos de 15 de diciembre de 1791. En ese mismo año, 1791, en el contexto de la Revolución Francesa, se promulgó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana escrita por Olympe de Goeges.

Estos derechos se universalizan y amplian mediante la Declaración Universal de los Derechos Humanos que es ratificada el 10 de diciembre de 1948 por la ONU y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966, pero no entró en vigor hasta el 23 de marzo de 1976 cuando fue ratificado por 167 Estados.

IGUALDAD ANTE LA LEY

La igualdad ante la ley se trata de un principio jurídico que establece una serie de derechos, deberes y garantías comunes para todos los ciudadanos de una sociedad. Se excluyen, por lo tanto, discriminaciones de cualquier tipo (religiosas, étnicas, de género…) y privilegios (derivados, por ejemplo, de titulos nobiliarios). Significa que la aplicación de las leyes sobre los ciudadanos no está condicionada por el tipo de persona a la que se aplica.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos señala en el artículo 7 que ‘»todos (los seres humanos) son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley’«. En nuestro país el principio de igualdad ante la ley aparece recogido en el artículo 14 de la Constitución.

Sin embargo, en la práctica no existe una auténtica igualdad ante la ley, siendo en ocasiones un mero formalismo y no una realidad. Se suele entender que el sistema democrático está fundamentado en la igualdad de sus ciudadanos ante la ley, aunque en muchos casos no se cumple este principio. Valga como ejemplo el tratamiento de cuestiones tales como el catalogo de servicios sanitarios, las deducciones fiscales, o el horario escolar aplicado de unas comunidades autónomas españolas a otra, que distingue a unos nacionales de otros por el mero hecho de residir en una determinada región dentro del mismo país.

IGUALDAD DE GÉNERO

 

En los últimos años hemos observado un aumento en la propagación de un nueva acepción de igualdad: La igualdad de género.  Es un concepto que establece que las personas son iguales en cuanto a derechos y deberes sin tener en cuenta su género y que en ocasiones también aparece como ‘equidad de género‘. Aunque pueda parecer contradictorio, una sociedad necesita para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres aplicar un tratamiento distinto por su género. Para ello existen leyes y medidas llamadas de discriminación positiva que buscan conceder beneficios a la mujer para compensar desigualdades de género existentes.

Y es que, la existencia real de «desigualdades de género”,  es lo que justifica la implantación  de acciones de discriminación positivas basadas en la constatación de los diferentes niveles de  la mujer respecto al hombre en cuestiones como el desempleo, salarios y precariedad laboral que registran los indicadores entre la población femenina. y la masculina. Por tanto, a través de estas medidas se persigue corregir la desigualdad  para  evitar la discriminación de la mujer.

Según, Noelia Igareda, profesora de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), “cuando se trata de igualdad de género, permitimos un grado de discrecionalidad que no se da en ningún otro derecho fundamental. Y esto se debe a que en estas ocasiones no lo vemos como algo esencial, y toleramos que sea postergable o pase a segundo plano”.
Nuestra sociedad está demandando cada vez más un desplazamiento del concepto de discriminación (basado en la diferencia de trato) al de subordinación (basado en la diferencia de status), con una ampliación del concepto hegemónico de acción positiva que no se vea reducido sólo a la igualdad de oportunidades.

Ojalá algún día se lleguen a suprimir todas las medidas de acciones positivas, pues ello supondría que realmente las mujeres hemos alcanzado esa igualdad de oportunidades y de trato. Mientras tanto,  debemos seguir trabajando en lograr la Igualdad de derechos real, persiguiendo y erradicando todo tipo de prerrogativas y beneficios otorgados a grupos o personas individuales, pues ello permitirá  construir una sociedad más justa y equitativa.

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