8M Día internacional de la mujer

Según datos de la Inspección de trabajo de 2017, de los 1.238 casos investigados por posible discriminación salarial, sólo el 1,3% fueron sancionados, es decir, que en sólo 16 de las denuncias presentadas se pudo comprobar la existencia de una diferencia de sueldos motivada por una discriminación de la mujer. Y esto, en lugar de servir para felicitarnos, es igual de preocupante porque viene a decir que nos estamos inventando o exagerando mucho la situación de inferioridad laboral de la mujer.

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Es cierto que en este tema, como en tantos otros, existe mucha demagogia y un uso político de la llamada brecha de género, pero si que hay una prueba evidente de la desigualdad  salarial, cuando, citando datos de la propia Seguridad Social, se reconoce que actualmente las mujeres cobran un 35% menos de pensiones y que hasta el 2035 las prestaciones por pensiones contributivas no serán iguales en España para hombres y mujeres.

Y es que, desde Berenice lo hemos denunciado en muchas ocasiones, a día de hoy  se mantienen condiciones de contratación diferente para hombres y mujeres, que éstas siguen copando la contratación a tiempo parcial, y que ellos por el contrario, mantienen  una mayor duración de las jornadas laborales

Además nosotras seguimos eligiendo profesiones relacionadas con los cuidados, la salud y la educación, peor retribuidas que las ocupaciones de sectores industriales, o profesiones de ingenierías, preferidas aún mayoritariamente por los hombres, mientras que el trabajo en el sector público es elegido por las mujeres.

Si a  eso unimos la falta promoción de la mujer en las empresas, y que la llamada eufemísticamente conciliación, sigue siendo cosa de mujeres, como demuestra el hecho de que sólo el 2% de los hombres en 2018 disfrutó del permiso de paternidad, da como resultado una brecha salarial real del 14,2% según el informe anual de Eurostart, y no del 24,3% que hablan los sindicatos.

Todas estas causas influyen sin duda en esa diferencia salarial, pero no se puede llamar discriminación, al ser en su mayoría de carácter “voluntario, y por tanto, el margen de maniobra de la inspección de trabajo se reduce a los casos flagrantes, es decir, a una minoría casi simbólica.

Pero es más, el intervencionismo de nuestra administración en esta materia tampoco estaría favoreciendo la reducción de la  llamada brecha de género, porque, mientras seguimos legislando con medidas como el incremento de los permisos de paternidad, para equipararlos a las madres en 2022, haciendo coincidir en el tiempo los dos permisos, y siendo de carácter voluntario, comprobamos que todas las medidas vigentes han tenido escasa trascendencia en la evolución de los salarios y tipo de contratación.

Es más, incluso en la función pública, donde la mayoría de las medidas reguladas sobre conciliación son de carácter obligatorio,observamos que siguen siendo las mujeres las que mayoritariamente solicitan las excedencias por cuidados de hijos y dependientes, copan las reducciones de jornadas, a pesar de disfrutar de jornadas continuas, y no ceden los derechos del disfrute de  los permisos a los hombres.

Por tanto, el problema no es de regulación, sino de educación y cultura.

Y hacía ahí tiene que ir el cambio de la sociedad. Y es que necesitamos un cambio urgente de la mentalidad de hombres y mujeres que mantiene que los cuidados son más femeninos que masculinos, y que nuestra sensibilidad y nuestro sentido práctico resultan más necesarios para organizar la logística y la atención de los detalles de nuestros hogares, porque eso nos resta tiempo que luego necesitamos para podernos desarrollar en otras facetas, como por ejemplo en la laboral.

El cambio educativo es necesario para la integración plena de la mujer en el mercado de trabajo, no para la conciliación, que lo que está provocando es la doble jornada, el agotamiento físico y mental, y las renuncias de las mujeres a sus carreras.

Hay que cambiar la filosofía de vida, enseñando a compartir las cargas y tareas, formando a nuestras hijas también en las tecnologías y las ciencias, y orientar todos nuestros esfuerzos y recursos  a buscar nuevas herramientas para el cuidado personal y soluciones innovadoras para apoyar a las familias, pilar fundamental de nuestra sociedad, aunque hoy día se cuestione por los sectores más politizados del feminismo.

Ese cambio social exige sin duda mayor flexibilidad laboral, y también adoptar nuevos horarios en las empresas, pues las costumbres y tradiciones pueden y deben modificarse, y no obedecer sólo al afán de ocio y disfrute actual, con peticiones de jornadas continuas escolares, días libres o más vacaciones, que a la postre reducen la productividad, la competitividad de nuestras empresas y no han solucionado ni los problemas de natalidad ni la reducción de la brecha salarial. Al contrario, la perpetúan.

Por todo ello, y desde Berenice os animamos a sumaros al cambio. A por el cambio!!!!. Campaña  #listasparaelcambio.

Somos Berenice

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